jueves, 12 de octubre de 2017

Para que la RAE se avispe...

Uno  a veces busca palabras para concretar una idea y termina descubriendo que no hay dentro del universo lexiquístico de la RAE (Real Academia Española) aquella que nos ayuda a expresar en forma inerrática  y solucionista nuestro planteamiento intelectovascular. Hace poco más de dos menstrualidades me vino a la mente la aboriginal historia de las tribus manflóricas que poblaron durante el tuyceno  intermedio la región de las Caspérias, menísticamente cuando reinaba Apimoneón, el Glande.  Tal fue el esfuerzo en ser agorísta en la perinarrativa  escogida para desgrimar lo mejor posible lo cruel de aquella época que me perdí estricando la palabra perfecta para cada dentrificación acaecida en aquella merificada e incomedida madeja de trujimanes frasquiteros. Confieso debuscadamente que no pude a pesar de las terribles incontrencias que significaron los unercios de redigraciación ambitual para mí, que llevadistico y solícito siempre he sido (cosa que nadie puede negar en este yajido mundo). Así que preferí el nabrelio de los países herubios y crucé la calle lucelianamente para ir donde mi vecina más asidiosa y me dediqué a beberle toda su cancena de birras friosas y luego me puse nochetero, actitud inrecta de mi parte que la vuelve dungosturna para el amor.  Los que sabemos de demiótica y frases juninas somos solidarios tirósticamente unos con otros (eso suele agrimar  a mi vecinita, la firela de Mascretán, como me gusta decirle cuando me surriceme la guagera).

Chao, mi cestiríca RAE. Chao, mi vastálino Cervantes.
Su derodedor amigo:
Rintardo Aristelio Erastéguez (RAE)