Cuentan las antiguas musas
que en tiempos de la Reina Bisectriz,
un cateto de logarítmica nariz
raptó a la más bella hipotenusa.
¡Un escándalo del Dominio Real!
Tornándose de rango muy complejo:
que un cateto adyacente y pendejo
se levante a una rubia Natural.
El amor, para colmo de males,
produce sospechosas curvaturas
extrapolándose rápido en criaturas
de lloros infinitesimales...
Qué más da si un rico Exponencial
ofreciera un palacio tetraédrico
o un convertible poliédrico,
si el amor es algo Irracional.
Mas cuando llega el invierno neperiano
y vivir deriva en ejercicio agónico,
aunque el amor sea pitagórico
el trabajo que se pasa es newtoniano.
El amor... Se va por la tangente,
la hipotenusa hambrienta de motivos
conoce un cateto opuesto y vivo
que no tarda en calcularle su cociente.
En un dos por tres, el triangulado
con suma propiedad conmuntativa
dice que si así es la lavativa
el cacho será multiplicado.
Luego el amor es vector nulo
perdido en el espacio cartesiano,
un seno abandonado por la mano
o una raíz con índice en el culo.
Si se encuentran en algún cuadrante
se insultan con teoremas paramétricos,
se acusan el uno al otro de asimétricos
y amenazan con rectas cosecantes.
Así no hay cuenta que les cuadre,
con tiza y pizarrón les dará igual;
ni que preste su triángulo Pascal
dejarán de ser conos de madre.
(De Cheo Guzmán...)